Con el siguiente post
vamos a iniciar una nueva serie, dentro del blog, que irá dedicada a cuestiones
históricas. No, no cierres todavía que no va a ser una chapa aburrida y pretenciosa. La idea es ir relacionando lugares a los que suelen ir
muchos viajeros con anécdotas, curiosidades o hechos históricos para que
así podamos ir aprendiendo un poco más
de cada ciudad, región o país.

Como ya muchos
sabréis, cuando los aliados liberaron a los prisioneros de los campos de
concentración algunos de estos se
dedicaron a perseguir a los nazis responsables para que pudieran ser juzgados.
Uno de los cazanazis más famoso fue Simon Wiesenthal, fundador del centro que
lleva su nombre. Persiguió a numerosos nazis, pero quizá la persecución más espectacular
fue la que llevó al MOSAD (servicio secreto israelí) a detener a Adolf Eichmann. Este personaje fue el máximo responsable de los campos de
concentración polacos desde su puesto de teniente coronel de las SS. Lo que no
sabía es que años más tarde los judíos le pagarían sus servicios con la misma
moneda.
Al acabar la guerra,
Eichmann fue detenido por los EEUU, pero acabó huyendo a Argentina. Allí tuvo
una vida placentera bajo el seudónimo de Ricardo Klement, hasta que el MOSAD
dio con su paradero. La historia de su localización y posterior secuestro es
digna de película.
Su vida transcurría en
un barrio pobre de Buenos Aires hasta que su vecino, judío y ciego, empezó a
atar cabos. Los testimonios de uno de sus hijos le pusieron en la pista de que
ese hombre con el que compartía vecindario no era quien decía ser. Así, tras
una serie de investigaciones, el gobierno israelí tuvo la certeza de que
Ricardo Klement era en realidad Adolf Eichmann, uno de los criminales más
buscados.
El
gobierno israelí, que pensaba que el gobierno argentino negaría la extradición,
ideó un secuestro. Dos agentes viajaron hasta Buenos Aires y esperaron un par
de semanas para empezar con su plan. Así, un día, a la salida del trabajo de
Eichmann, los agentes le esperaron en la parada del autobús en la que se solía
bajar fingiendo tener el coche averiado. Sin que Eichmann pudiera reaccionar,
lo metieron en un coche y lo llevaron a un piso de la capital argentina.

De este modo llegó al Estado de Israel donde fue juzgado,
en un juicio televisado y condenado a la horca.
Sin
duda la espectacularidad de su secuestro y posterior condena sirvió para
alertar a otros criminales, como Mengele, que extremaron sus precauciones.
Obviamente
esto no sirve para tapar todo el daño que los campos de concentración hicieron,
pero por lo menos, en este caso, la historia hizo justicia y trató al criminal
Eichmann de la misma forma que él había tratado a cientos de inocentes.
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Yad Vashem Museo del Holocausto (Jerusalén) |
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